EL DIÁLOGO EN LA ENSEÑANZA

Nicholas C. Burbules[1] 

EL DIALOGO EN LA ENSEÑANZA

1. AUTOR: NICHOLAS C. BURBULES[2] 
Filósofo, es un apasionado por el empleo de nuevas tecnologías dentro del aula, es profesor del Departamento de Estudios de Política Educativa de la Universidad de Illinois, Chicago, Es doctor en Filosofía de la Educación de la Universidad de Stanford.

LIBROS:

ARTICULOS:
2011: "Fingiendo escuchar". "Significado de aprendizaje ubicuo." 
2009: "Una filosofía situada de la educación".
2008: "El potencial democrático y educativo de los blogs políticos". 
2006: "Más allá de la brecha digital". "La educación como la iniciación en las prácticas". "La educación de Comunidades Autónomas: La colaboración y el aprendizaje a través de Internet".
2005: "La práctica: Un concepto de educación central"
2004: "Repensando la virtual".

2. PROPUESTA PEDAGÓGICA
Su visión pedagógica consiste en forjar un compromiso igualitario y en respeto mutuo, en el que los participantes se benefician con la oportunidad de aprender con otros y de otros,  que conocen, comprenden o saben hacer cosas que aquellos no conocen, no comprenden y no saben hacer, en el contexto de una relación dialógica. Relación que mediante la confianza y el respeto admite diferencias en el conocimiento comprensión o especialización sin caer en la inflexibilidad y en el autoritarismo de los  roles.

2.1. CONCEPCIÓN RENOVADA DEL DIÁLOGO 
Burbules nos abre a una concepción renovada del diálogo, de manera que el diálogo se aborda desde la perspectiva de la relación dialógica; por ello se ocupa del espíritu del diálogo. Descubre que el diálogo es guiado y ordenado por el intercambio propio de la comunicación, de manera que tiene la capacidad de llevar más allá de las intenciones iniciales. El espíritu del diálogo, es la capacidad de mantener en suspenso muchos puntos de vista y al mismo tiempo el interés básico por crear un significado común.
Lo principal en la relación dialógica es el compromiso entre los interlocutores que se adquiere en esta relación comunicativa. Este compromiso es lo que sostiene en el tiempo  y es la oportunidad que se abre a la educación: “el vínculo que une a dos ‘o más’ personas en la búsqueda en común de conocimiento, acuerdo o comprensión interpersonal”[3]. El compromiso en el diálogo es indispensable, porque su resultado es incierto, la discusión debe estar motivada por algo más pues esta puede tornarse, frustrante, confusa o conflictiva. Esta disposición es el subyacente espíritu del diálogo, que consiste en una cierta voluntad o amistad,  por la cual ciertos puntos de vista ceden a la posibilidad de la construcción conjunta de un significado común; más aún lo realmente importante no son los  puntos de vista iniciales, sino la argumentación que se ofrece y a la que se atiende con simpatía e interés. De manera que se comprenda la argumentación del otro, y se abra la posibilidad de modificar el propio punto de vista. 

2.2. LA RELACIÓN DIALÓGICA
De manera que lo que nos interesa la relación dialógica, a la cuál subyace el espíritu del diálogo al que de suyo muestra un tipo de “relación social  que compromete a los que participan en ella”[4].
Como punto de partida el respeto, la confianza y el interés mutuos, están presentes con miras a establecer lazos que superen los desacuerdos, confusiones, fallas y malentendidos. De manera que sustancialmente esta relación es diferente a cualquier forma de de comunicación, pues implica una relación interpersonal profunda y consistente.  El interés cognitivo (apuntando a la comprensión y al conocimiento o acuerdo) que une al maestro con los estudiantes está acompañado por sentimientos recíprocos (cualidades afectivas de preocupación y compromiso), juntos conducen “al sentimiento fundamental de un cuidado auténtico y al pensamiento generoso que se desarrolla a su servicio”[5]; de esta forma, más allá de los sentimientos unidos a las creencias particulares y a los valores, se llega a caer en la cuenta que el otro (que siente, cree y valora férreamente aquello, respecto de lo cual, yo no siento, creo, ni valoro de la misma forma) es alguien a quien debo no solo  admitir, sino que quien debo cohabitar.
Esta interacción arrastra y atrapa por sí, mediante su dinámica interna cobra fuerza y dirección, no por la mera combinación de perspectivas y conocimientos[6] de los individuos que participan; pues las interpelaciones de los interlocutores “hacen brotar en mí pensamiento que yo no sabía que tenía, así que al mismo tiempo, que le presto pensamientos, él hace lo propio haciéndome pensar también”[7].
Puede que la relación dialógica inicie como  asunto de dos individuos aislados que empiezan a hablar, una vez establecida la relación:
el encuentro dialógico compromete a los participantes en un proceso a la vez simbiótico y sinérgico; más allá de ese momento en particular, nadie puede guiarlo o dirigirlo conscientemente, y el orden y la fluencia del propio intercambio comunicativo toman el mando[8]

Y así, son ahora dos yoes relacionales, que dialogan de manera cognitiva y afectiva, y que quedan envueltos en la relación dialógica, más allá de las propias intensiones al hablar y al escucharse entre ellos.

3. LAS IDEAS Y SU COMPRENSIÓN
 
3.1. VISIÓN CRÍTICA
El yo y el otro, el maestro y el estudiante se constituyen mutuamente, no hay dicotomía, no son roles distintos de individuos separados. Por su puesto hay diferencias en conocimiento, aprehensión y especialización que propician el encuentro de enseñanza y aprendizaje, sin embargo maestro y estudiantes deben comprometerse entre sí, en el aula, como sujetos relacionales. De cualquier forma, hay que ser cuidadoso, en no mostrar demasiada confianza en la autoridad del maestro, en su conocimiento y pericia, tampoco en creer que las reglas de participación racionales, corresponderán siempre a la justicia, menos suponer que la buena voluntad acabará con las injusticias políticas y ser precavidos frente a las posiciones culturales que se tornan en ocasiones, obstáculos para la empatía y la comprensión de las experiencias y problemas de los otros. Pese a esto, la relación parte de reglas neutrales y de la posibilidad que tienen todos los participantes de de “hablar y sentirse seguros de hablar”[9].

3.2. EL DIÁLOGO EN CONTEXTOS DE DIVERSIDAD
La diferencia cultural, religiosa, racial, de sexo o de clase crean barreras para el diálogo, al tiempo que la diferencia cultural, religiosa, racial, de sexo o de clase son una oportunidad para establecer relaciones de comprensión y cooperación, transversales a esa diferencia.
Aunque esta afirmación parece anularse de suyo, pretende resaltar que en la relación dialógica, los participantes no responden a la identidad, ni a la igualdad, pueden ser diametralmente diferentes; pero sí apuntan, a la comprensión intrapersonal y a la disposición de cultivar cuidado, interés y respeto hacia el otro, al hallar formas de hablar y de comprenderse. Comunicación y comprensión rebasan las diferencias lingüísticas y culturales, aunque estén atravesadas por relaciones de poder y defectos personales[10]. Pero es posible reconocer y respetar las diferencias como oportunidades para “alcanzar perspectivas nuevas justamente porque vienen de ‘de afuera’: de una visión del mundo y de un conjunto de experiencias que son muy diferentes a las propias”[11].
Aún así, el diálogo no apunta a la conciliación, ni la eliminación de las diferencias, no se pretende eliminar, ahogar o superar lo diverso mediante el “consenso”, o el ejercicio de “inculcar”; al contrario el diálogo apunta a preservar y mantener las diferencias, es así como se entra en las experiencias educativas. El criterio para la comprensión es que todos los participantes posean la oportunidad de cuestionar, someter a prueba o poner en duda el punto de vista del otro. El resultado del diálogo oscilará entre máximos: conclusiones comunes y mínimos: altos grados de comprensión y de aprecio por la posición del otro; de manera que el acuerdo no es la meta, adviene en el camino de interacción que se transita.

Nicholas C. Burbules 


3.3. DIÁLOGO, IGUALDAD Y COMUNIDAD
La igualdad no es condición que posibilite el diálogo, la diferencia en conocimiento, experiencia e inteligencia, lleva a establecer relaciones. En cambio, es precisa la reciprocidad que una a los participantes en una relación mutua de interés y respeto, en la que  algunas veces el hablar cederá el paso al escucha, y en otras el escuchar cederá el paso al hablar, el papel activo y el pasivo se intercalan, en el cuestionamiento a las autoridades y en la atención que se les presta. Es así como la relación dialógica es pedagógica, en la que “los participantes buscan enseñarse el uno al otro y aprender el uno del otro”[12].
Esta reciprocidad igualitaria, que parte de la voluntariedad de la participación en el diálogo, supone también la simetría y el respeto, como posibilitadores de la construcción de comunidad.
Burbules nos propone celebrar las diferencias de las culturas, basados en la capacidad de coexistir de manera no violenta y de interactuar de manera tal, que se enriquece y fortalece la vida del otro; esto es posible, solo en la medida en que  se comunican y coordinan acciones transversales a las diferencias, fundando una comunidad de supuestos flexibles y no homogéneos. El asunto radica en problematizar, no en excluir.
En este mismo sentido propone, elaborar una “versión de la comunidad pedagógica[13], para ello debe[14]:

1. Reconocer la realidad de los conflictos y las relaciones de dominación existentes.
2. Evitar caer en los extremos del pesimismo o del utopismo, sobre si la comunidad pedagógica tendrá éxito o no.
3. Centrarse en la naturaleza y el valor del proceso educativo, en contextos reales de práctica
4. Ser sensible a la diversidad de la experiencia y a los modos de expresión que los participantes llevan a la relación dialógica.
5.  No renunciar a comunicar y comprender atravesando las diferencias
6.  Ser lo bastante similares para que la comunicación ocurra, pero lo bastante diferentes para hacer que valga la pena

3.4. DIÁLOGO Y AUTORIDAD
En el ejercicio educativo, es imposible evitar algún tipo de autoridad,  pesar de las relaciones igualitarias que se establezcan; pero la autoridad no se debe dar por hecha debe justificarse, no por las instituciones, ni por las jerarquías o los privilegios. En la dinámica del diálogo, las relaciones ofrecen mejores criterios para la evaluación de la autoridad.
La autoridad del maestro no queda definida por un rol, que puede conferirle  jerarquía y privilegios que puede no merecer, es primordial ser honesto con lo que se sabe, con los talentos que se poseen y con la satisfacción que causa desempeñar un papel en el aprendizaje de otros, razones por la cuales se es docente. El docente debe cuestionarse y de manera explícita en el diálogo indagar del lado de los estudiantes, qué les motiva al aprendizaje y a obedecer, para que la autoridad sea consensuada, no aceptada por imposición, sino por aquellos que hay en el otro que yo no tengo. Esto hace que en el diálogo los momentos de aprendizaje y de enseñanza no tengan fronteras fijas, porque siempre se está aprendiendo y siempre se está enseñando con aquello que se posee; estos cambios continuos no implican ausencia de autoridad, sino que ella no puede estar ligada exclusivamente a uno de los participantes.
La autoridad legítima escucha y hace posible la confianza necesaria para que se oiga la voz del otro, es sensible a las circunstancias ambientales, a las historias personales, a la dinámica interpersonal y acalla su propia voz con el tiempo.
El objetivo será, que los interlocutores “rechacen nuestra autoridad o ya no la consideren necesaria para su desarrollo”[15], y solo una persona investida de autoridad y con miras al desarrollo y a la autonomía, tiene la libertad para tomar.
A manera de conclusión podemos decir, que la relación dialógica busca que la autoridad sea superflua, entendida y ejercida con sensibilidad, se apunta a repudiar las tradicionales concepciones jerárquicas de autoridad, debe más bien constituirse en el curso de la relación dialógica, sin precederla ni antecederla.

4. EMOCIONES Y VIRTUDES
4.1. FACTORES EMOCIONALES EN EL DIÁLOGO
En la relación dialógica lo cognitivo y lo afectivo van de la mano, pues el interés en el diálogo no solo es cognitivo, esta mediado por la simpatía en el otro que posibilitan la creación y el mantenimiento de la relación, que aborda tanto ideas como sentimientos.

4.1.1. INTERÉS
Expresado en el compromiso con los interlocutores, en el intenso interés en ellos y en lo que dicen; estamos plenamente con nuestro interlocutor y en comprometerlo con nosotros. Ligándonos con lazos de empatía y compromiso mutuo que toman tiempo y coadyuvan al persistir, Se trata de sentir algo hacia la otra persona y hacia el tema en común.

4.1.2. CONFIANZA
La confianza parte de creer en alguien, confiar en la buena voluntad del otro, la confianza es mayor cuando es un presupuesto implícito, que se da por sentado entre los interlocutores. De entrada se debe hacer un esfuerzo, para que el interlocutor sienta confianza de expresar sus creencias, experiencias y sentimientos, por lo tanto se requieren seguridades explícitas y gestos implícitos. Tomar la iniciativa siempre será un buen camino, posteriormente estos esfuerzos conscientes ya no serán necesarios.
De otro lado la confianza se expresa en el altruismo de dejar a un lado las pretensiones puramente retóricas y poner en común una disposición, que mantenga en reserva lo dicho, que se abstenga de juzgar, que diga con honestidad lo que se piensa y se siente y finalmente responder de manera reflexiva y simpática.

4.1.3. RESPETO
Permite la reciprocidad igualitaria y que la relación se mantenga aun en caso de diferencias en el conocimiento, valores y creencias. Es el respeto por sí mismo y por el interlocutor, al darle  de entrada el beneficio de la duda

4.1.4. APRECIO
Se trata de valorar las cualidades singulares que los interlocutores aportan al encuentro dialógico y al sentir estima por ellos más allá de la simple tolerancia de las diferencias.

4.1.5. AFECCIÓN
Implica ejercer esfuerzo en un grado excepcional, representado en el amor como elemento esencial, que permite suspender el juicio hasta estar seguros de que todos los interlocutores han comprendido los puntos de vista iniciales. Por supuesto la afección será más duradera si es mutua y son valiosos “los contenidos conversacionales en apariencia triviales o marginales para el tema en cuestión”[16], pero que permiten establecer tal cualidad de relación que posibilitan explorar el tema.

4.1.6. ESPERANZA
En tanto vislumbramos que la relación dialógica es fuente de nuevas ideas, formas de comprender y lazo entre nosotros y los demás; esto implica una visión teleológica del diálogo, la espera de resultados de comprensión y no solo de acuerdos, sino de desacuerdos que estimulen y hagan fructífera la relación a largo plazo.

4.2. VIRTUDES COMUNICATIVAS Y DIÁLOGO
Aquí nos adentramos al ámbito ético de la relación dialógica, cuyo eje central es la relación entre el Yo y el Otro, de manera más general son disposiciones y prácticas que permiten tener buenas relaciones comunicativas.
Se abarcan cualidades tales como la tolerancia, la paciencia, la disposición a hacer y a recibir críticas, admitir el propio error, reinterpretar o traducir los propios intereses, la autolimitación para que los demás tengan ocasión de hablar y como fundamental “la disposición y la capacidad de escuchar con cuidado y atención”[17]. De otro lado se hace necesario dejar a un lado el dogmatismo, y nuestros intransigentes puntos de vista.  Solo así será posible que expresar las creencias, valores y sentimientos propios de manera clara, prestando atención y escuchando a los demás. Pero esto no es un tema teórico, porque el desarrollo de estas virtudes solo se da en el campo de la praxis, en la interacción social, moldeada ciertamente por el contexto.
El maestro tiene como tarea promover estas virtudes comunicativas, estableciendo una “cultura moral” con eco social y político, basado en la solidaridad, para así impulsar una actitud crítica de las actuales instituciones e ideologías. Es fundamental recalcar que el diálogo apunta al ámbito social que no se agota en sí mismo; de manera que se apunta a convertir cualidades personales en objetivos educativos primarios, que inevitablemente resonarán en “la organización del aula nuestros supuestos acerca del currículo y la enseñanza, y la relación entre la escuela y el hogar”[18]

4. LAS REGLAS DEL JUEGO DEL DIÁLOGO
El diálogo debe ser lo bastante abierto para discutir las reglas de juego, e incluso la forma en que se establecen las reglas del juego, teniendo presente que aunque se pueden cuestionar las reglas, algunas deben respetarse para que el diálogo siga en curso.  De otro lado, los presupuestos del diálogo se justifican mediante supuestos explícitos de la  naturaleza humana, la historia y la sociedad, respecto de la moralidad y la racionalidad.





[3] BURBULES C. Nicholas. El diálogo en la enseñanza. Teoría y Práctica. Amorrortu editores. Buenos Aires. 1999. P. 45
[4] Ibíd., P. 46
[5] Ibíd., P. 46
[6] Ibíd., P. 46
[7] Ibíd., P. 47
[8] Ibíd., P. 47
[9]Ibíd., P. 52
[10] Ibíd., P. 53
[11] Ibíd., P.53
[12] Ibíd., P. 55
[13]Ibíd.,  P. 59
[14]Ibíd.,  P. 60
[15]Ibíd.,  P. 63
[16] Ibíd., P. 71
[17]Ibíd.,  P. 73
[18] Ibíd., P. 78